Asfixia

 





-¡Cállate! Cállate y no me hables más.


Mi corazón bombeaba como si estuviera corriendo una maratón. La adrenalina me retorcía las entrañas y me apretaba cada músculo. 


Ya no estaba para estas cosas. Ya no quería soportar a ningún imbécil más. 


Todos me miraron como si yo hubiera empezado todo, como si sus gestos y sus burlas no hubieran sido para tanto. Es sencillo bajarle el perfil a lo que no entiendes. Es sencillo ser un idiota. 


Estaba tiritando. Me había jugado todo. Ya no había marcha atrás.


-¿Qué wea te pasa? Me dijo uno de ellos, con un tono bastante desafiante.


-Pasa que, o son unos idiotas de mierda, o son unos pedazos de mierda que se hacen los estúpidos para no hacerse responsables de sus acciones.


-Aaah aquí vamos de nuevo. Dijo otro.


-Si, aquí vamos de nuevo porque parece que no les entra al cerebro la terrible incoherencia de exigir respeto y no respetar a los demás.


-Si respetamos a los demás. Respetamos a las personas. Los "demás" me importa una mierda. A mi solo me importan los problemas humanos.


Hasta ese punto fue lo más sincero que había escuchado de parte de ellos. Solo era eso. Simplemente no les importa, y jamás les va a importar. 


Una columna de fuego subía desde mi estómago a mi garganta, comencé a ver nuboso y distorsionado, me sentía desorientado y estaba a un paso de entrar en pánico. Me agaché tratando de sostener mi estómago, y al mismo tiempo me sostenía la cabeza con las manos.


-Los odio. Les dije.

-Los odio y quiero verlos muertos, malditos hijos de puta, malnacidos. Me dan asco. Me dan asco pedazos de mierda irresponsables e injustos. Espero que en sus vidas solo encuentren miseria, la misma que provocan en aquellos que desprecian. 


Me paré rápidamente y caminé hacia la puerta. Ya no volvería a ese lugar, ya no los volvería a ver más. Pensé en decir algo más, pero ya no era necesario, todo lo que debía decirse se dijo. De pronto empecé a respirar nuevamente. Había ganado nuevos enemigos, pero por fin dije lo que pensaba en secreto. Ya no más caritas felices, ya no más hacerme el estúpido para no incomodar a los demás. Ya era el momento de decir las cosas a la cara, ya era momento de quitarme la careta cínica que me ponía cada mañana...

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