Escondite
Sentí sus pasos cada vez más cerca. La puerta entreabierta me permitía verle desde la oscuridad. La luz del pasillo dejaba al descubierto su rostro, una sensación tan familiar volvía a mi, recuerdos de mi infancia temprana, de un niño buscando refugio en sus escondites favoritos. De pronto dice mi nombre, su voz dulce y casi angelical trataba de hacerme salir, pero jamás iba a lograrlo. Le había visto con anterioridad, y aunque se esforzaban en limpiar su imagen, era conocida por su dureza y actitud violenta hacia los niños del orfanato. Algunos alababan su actuar, le justificaban diciendo que a los niños había que golpearles hasta hacerlos entender, ¿Entender qué? Me preguntaba, solo entendíamos que ciertas acciones implicaban castigos, incluso si eran accidentales. Nos criaron bajo el miedo, y ellos también fueron criados del mismo modo, supongo que les pareció efectivo. Su varilla golpeaba sutilmente los veladores y camas de la habitación, de pronto comenzó a dar vuelta los colchones, pretendía encontrarme bajo alguna de las camas pero no tuvo éxito, su cara se enrojecía cada vez más, sus ojos desorbitados de rabia miraron hacia todas partes, -¡Sal de donde estés! Mientras más tiempo pase peor será para ti- dijo, esperando intimidarme, y realmente lo hizo, pero sabía lo que vendría, el miedo me había paralizado y trataba de respirar lento y hondo para hacer el menor ruido posible. De pronto, cruzamos miradas, el terror se apoderó de mi, comencé a temblar pero mantuve mi respiración. Por fortuna no logró verme, y se fue rápidamente de la habitación. Ni siquiera luego de haber dejado la luz apagada quise moverme, no hasta esperar que toda la situación se tranquilizara. Poco después, se escucharon gritos a lo lejos, ella volvía tomando a Jorge por el brazo, y lo tira violentamente al suelo, dejándolo en el centro de la habitación. Le pregunta por mi, le dice que si no le dice donde estoy le golpeará hasta el amanecer. Jorge era mi mejor amigo, pero tampoco él sabía donde me encontraba, nadie lo sabía. Ella caminó directamente hacia Jorge y se detuvo frente a él. Jorge suplicaba, él realmente no sabía nada. En medio de los llantos de mi amigo, ella giro su cabeza a un pequeño y viejo ropero, caminó rápidamente hacia él y abrió violentamente la puerta, había un montón de ropa sucia amontonada y algunas camisas colgadas. Dudó por un momento, pero igualmente metió su mano en el montón de ropa. -¡Aquí estas!-, dijo mientras me agarraba fuertemente del pelo. Sacudió repetidamente mi cabeza y comenzó a arrástrame por el pasillo, mi castigo debía ser público, todos debían saber lo que les pasaba a los niños como yo. Entré en desesperación, trataba de soltarme de su fuerte y gruesa mano, pero era imposible, solo veía la ropa sucia por todos lados, a Jorge siguiéndome de cerca y a mis compañeros mirar temerosos desde sus habitaciones mientras me escuchaban gritar - ¡Fue un accidente, fue un accidente!-, mientras tocía ahogado por mi propio llanto.
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